A quien le interese:
Me llamo Ana y
probablemente mi nombre diga mucho de mí. Es tan simple y directo como yo,
tiene algo de dulzura en su composición que a mí me hace adorarlo. Dicen que el
nombre siempre marca la personalidad de las personas y, en efecto, dentro de mi
simplicidad de persona normal podrás encontrar giros complicados que me hacen
alguien diferente.
Mi pelo es oscuro como
la noche en la que nací. Allá era por mayo cuando florecí a medianoche, yo
siempre tan oportuna, para darle a mis padres una de las mayores alegrías, o
eso dicen, que han vivido en toda su vida. Tenía los ojos grises, grandes y
profundos, que se tornaron con el paso de los años en verdes como la esperanza,
con un haz grisáceo que se extiende por mi iris tan solo en los días de
tormenta interior. Mi mirada es nostálgica aunque a veces puede irradiar alegría
y es entonces cuando el verde predomina por encima de cualquier otro color.
Tengo una boca risueña
aunque mi apariencia sea seria pero tan solo hace falta que te tomes cinco
minutos de tu tiempo para descubrir que no soy así. Soy un huracán de palabras,
risas y ocurrencias. También un vendaval de sentimientos, fuertes y voraces
sentimientos que en mí se multiplican por cien. Puedo ser un mar impetuoso y
bravo pero también tranquilo, sereno. Dependo de la luna.
Mi día a día podría
resumirse con la imagen de un atardecer en el que mi mayor meta es encontrar
ese instante de placidez, ternura y paz que nos pueda hacer afirmar que por
ello el día mereció la pena. Tengo un alma frágil que se quiebra con la misma
facilidad con la que se reconstruye, aunque me suponga un esfuerzo sobrehumano
aparentar que me encuentro en obras por dentro. Tengo una psicología digna de cualquier
psicoanálisis y una capacidad sobrenatural para inventar mil y una
posibilidades.
Me indignan con
frecuencia los momentos desaprovechados, los besos nunca dados y las frases que
se quedan en el tintero. Me irrita que la cobardía gane a la valentía y
que por miedo o vergüenza no se intente conseguir un objetivo. No aguanto el
cinismo, la soberbia ni tampoco la maldad oculta de las personas. La
hipocresía me da náuseas y me sube la fiebre con las injusticias. Detesto
los "te quiero" baratos comprados por cuatro perras de los que te
adoran al segundo día de conocerte. Siento un puñal en el pecho cuando no
siento apoyo por alguien por el que me gané enemigos por defenderle. No
consigo soportar los cambios de la gente que tan pronto afirman como niegan, ni
las personas que no aportan nada más que frases vacías y que carecen de
sentimientos. El corazón me da un vuelco con las mentiras, mi cerebro se
queda paralizado con la traición; el pulso se me acelera cuando alguien pone
palabras en mi boca que jamás he pronunciado. Odio las personas manipulables
que, pobres de ellas, carecen de personalidad. También a las que no tienen
color en su ser, que son grises y planas y no hacen nada por colorearse la
sonrisa. Estoy en contra de cualquier muestra de egoísmo, de avaricia, de
envidia y de prepotencia. Nunca entenderé por qué se odia a otras personas por
sus cualidades más que por sus defectos. No me gustan las complicaciones y por
eso mismo encuentro la felicidad en los pequeños detalles.
Adoro
las carreras de las gotas de lluvia sobre el cristal, las flores en primavera,
las hojas marrones en otoño. Los atardeceres y los abrazos me erizan el vello,
y siento escalofríos cuando alguien me hace sentirme querida. La suavidad e
inocencia de los peluches, el primer helado del verano, zambullirme en el agua
helada de una piscina en un caluroso día me transportan inmediatamente a mi
infancia. Los besos de mi familia me tocan directamente en el alma. Los
abrazos de mis amigos me hacen sentir protegida. Pensar en mi querida abuela me
reconforta (porque sé que continúa conmigo). La risa me inunda el cuerpo con
las tonterías del día a día. Me gusta arroparme hasta arriba con una manta que
actúa de coraza contra cualquier adversidad. Pasear por el bosque, contemplar la
montaña, dejarme refrescar por la brisa de verano son algunos de mis pasatiempos
favoritos. Leer, disfrutar del sol, los acordes de mis canciones favoritas, comer
chocolate y los planes improvisados llenan los vacíos existenciales de mi vida.
Gracias por tu tiempo.
