Me gustan las personas que dicen "te quiero" sin pronunciar siquiera alguna de las letras que componen esta expresión. Esas personas que tienen el poder de transmitirte con sus gestos, sus miradas, su manera de ser un sentimiento tan profundo como es el de querer, adorar o amar a alguien.
Son maravillosamente admirables. Carecen, por suerte, de la debilidad de caer en el típico tópico de formular esa frase pues prefieren los detalles y los silencios para expresarse.
Una mirada profunda, una sonrisa, abrir los ojos durante un beso y comprobar que esa persona sonríe. Dedicarse a mirar al infinito en completo silencio sepulcral, tomar de la mano, dar un abrazo porque sí, regalar tu tiempo, dedicar tu tiempo, regalar palabras de ánimo o hacer reír a quien lo necesita.
Existen tantas maneras de decir "te quiero" que la manera más simple, masticando cada letra, se queda corta ante la intensidad de lo que ello representa.
"Te quiero". Si es verdad que quieres, por eso mismo no deberías tener la necesidad de decirlo cada día. Como ya decía Cernuda:
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;
Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;
Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;
Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;
Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
Me lo dice mi madre cuando me desea que tenga un buen día, mis amigos cuando se alegran de verme; la vida me grita que me quiere cuando todo sale bien después de haber pasado la tormenta. Me quieren los días y me quieren mis 24 años recién estrenados dispuestos a vivir la vida que me espera. Me quieren las noches de verano, la luna y el viento que mece mi melena cuando necesito una bocanada de aire. Cuando todo avanza y yo evoluciono: me digo que me quiero sin ni siquiera pronunciarlo.