Siempre he creído que los veranos
son sinónimo de historias, vivencias; momentos en los que llegas a conocerte a
ti mismo. Y con la llegada de septiembre, no sé vosotros, pero miro hacia atrás
y pienso que ha pasado volando.
Después de un comienzo de año un
poco catastrófico en algunos aspectos, los meses avanzaron, llegando por fin a
mi querida primavera: este año, bonita, con sangre alterada como siempre, solo
que esta vez vino cargada de muchas cosas que nunca había sentido. Entre ellas
un sentimiento fuerte que buscaba quererme, hacerme valer y ser consciente de
ello. A la par, supe que me comería el mundo porque yo, como todos, teníamos
capacidad para ello. Y llegó mayo, un mes que siempre me alegra por ser el que
me vio nacer. Pero este año, no solo cumplí años sino que nació algo más. Algo así
como una planta un poco inesperada, una semilla que se había plantado traída
por los pájaros o yo qué sé que… El viento, o el tiempo, ¿quién sabe? Pero
surgió y tímidamente creció hasta llenar por completo de flores el trocito de
terreno que había quedado devastado por el crudo invierno.
Fue así como, después de una
primavera llena de fiestas, de risas, de cariño y mil y un sentimientos que a
día de hoy no puedo describir, un aluvión de emociones llegó hacia mí. Se
acercaba el verano y posiblemente esta pausa estival cambiara muchas cosas.
Pero nunca pensé que todo cambiaría con tan buen rumbo, con tanta ilusión y
ganas por vivir un verano inolvidable más.
Entonces lo que siguió no han
sido más que momentos llenos de ternura, de cariño, de comprensión, de
descubrimientos. Un verano del amor en toda regla, con ganas por seguir caminando
juntos, por conocer el mundo que nos rodea y crear nuestro microcosmos. ¡Quién
me diría a mí hace un año que la ilusión volvería a mi vida gracias a tu
sonrisa, a tus abrazos, a tus besos y a tus ojos verdes de ciencia ficción! Porque querer es poder, y ni el tiempo ni la distancia pueden romper aquello que se ha forjado con ilusión.
Pero este verano también he
aprendido, esperado, deseado, enloquecido, disfrutado, reído muchísimo,
viajado, me he bañado en el mar y en piscinas naturales, he escuchado grupos de
música hasta las tantas de la mañana sin haber apenas dormido, he pasado noches
bajo las estrellas. He improvisado planes sobre la marcha solo por estar
contigo, cogido ochenta autobuses, te he visto amanecer y anochecer, he vuelto
a creer y he empezado a crecer.
Por mil y un veranos más, por
seguir creyendo en las historias que este nos aguarda y que con tanta ilusión
esperamos. Con las pilas cargadas, nos
enfrentamos a un nuevo curso, con más ganas que nunca de continuar esta
historia en otoño, invierno y primavera.
A la vista está que las tempestades pasan para dejar que la primavera y el buen tiempo haga de las suyas, para que florezcas. Nútrete de las malas vivencias para trepar. No todo lo que mal empieza acaba mal.
A la vista está que las tempestades pasan para dejar que la primavera y el buen tiempo haga de las suyas, para que florezcas. Nútrete de las malas vivencias para trepar. No todo lo que mal empieza acaba mal.
Hasta el año que viene, verano,
aquí estaremos esperándote.
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